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MI BARCO ( V ) Motonave "Jiguaní"

 
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MI BARCO ( V ) Motonave "Jiguaní"
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EstebanCL




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MI BARCO ( V )
Motonave "Jiguaní"


El ancho del camarote se correspondía con el largo de la camita personal, cuando abrías la puerta, ella quedaba a la derecha, fijada al mamparo del pasillo, también a los de proa y popa. En su lado izquierdo existía un pequeño gavetero con una tabla corrediza que servía de escritorio. Un poco más a la izquierda, un lavamanos que tenía fijo al mamparo un botiquín con espejo. Junto al mamparo del costado del buque y debajo de la portilla, una butaca para dos personas y a su izquierda, pero formando parte del mamparo de proa, la taquilla para guardar la ropa. Extremadamente confortable para mis propósitos, tendría privacidad a partir de ese momento y me podía masturbar sin el peligro de ser sorprendido o no debía esperar a que el compañero de camarote entrara de guardia para hacerlo. Los baños y área de duchas eran de uso común.
Wendell Lafita revisaba el inventario que minutos más tarde yo debería firmar, era quien ocupaba la plaza de sobrecargo en esos momentos. -¡Vamos a ver! Me dijo mientras señalaba cada uno de los objetos registrados en aquella hoja. -Dos toallas, dos sábanas, dos fundas, una frazada, un vaso de cristal, un termo, un chaleco salvavidas con su silbato y una silla. ¡Firma!
El primer oficial me cantó las reglas del juego e informó de paso a cuál brigada de guardia pertenecería, creo que caí junto a un negro alto muy noble llamado Roberto Barreras. El capitán se encontraba ausente ese día, pero confiaba en las informaciones que ofrecerían los marineros al recién llegado, siempre ocurre así. Me cambié de ropa y fui para cubierta a presentarme ante el contramaestre. Néstor era un mulato claro de San Miguel del Padrón, los viajes posteriores tuve buenas relaciones con él y Pedro el pañolero. La tripulación de ese buque fue otra de las mejores encontradas en mis tiempos de timonel, muy solidarios y familiares, aunque claro, ya andaba en camino ese proceso de descomposición experimentada en la marina cubana.
Carlos García era su capitán, la gente lo llamaba a escondidas “El Capitán Tareco”, no sé el origen de ese apodo, pero supongo sea por los complejos que vivía debido a su baja estatura. En los alerones del puente debía subirse a las bases de los repetidores de giro para poder observar cómodamente hacia proa. Era además el secretario del partido a bordo y eso nos provocó muchos contratiempos. Cuando le reclamabas algo de carácter político te aplicaba reglas administrativas y viceversa, nos tenía atados por los huevos con esa dualidad de cargos. Era amo, dueño y señor de aquella nave, dominando a todos sus hombres a su libre antojo con esa peligrosa amenaza de una mala evaluación política.
Como Primer Oficial se encontraba Cam, muy buena persona. Méndez era el Segundo Oficial y Felipito Montano ocuparía la plaza de Tercero. De agregados de cubierta teníamos a Luís R. del Valle y Guillermo Sánchez Oro, el enano más jodedor que he conocido en la marina. Enrolaron a varios guardiamarinas para realizar un viaje de instrucción, agregándole al ambiente un poco más de alegría el carácter de aquellos jóvenes. Villabrille, Enriquito, Hermes Cruz, Miguel Haidar, Rosquete y otros que no recuerdo, formarían esa escuadra de jodedores.


José Febles a la izquierda y Esteban Casañas a la derecha en su tiempo de timonel


Por cámara teníamos muy buen equipo y se comía bien. El gordo Godines iba de mayordomo, Desiderio de segundo cocinero y El Truco como ayudante. La situación en la isla era insoportable y los barcos salían muy mal abastecidos. Sin embargo, la asignación de divisa para realizar compras en el extranjero se mantenía dentro de límites de tolerancia que podían satisfacer casi todas nuestras necesidades. Cuando pasamos por el Canal de Panamá, se abasteció al buque de aquellos productos que no fueron servidos en La Habana. Desde Cuba hasta el Canal la navegación consumía solamente tres días, no corrían la misma suerte los que partían a puntos más distantes como Europa. Aunque en esos casos los capitanes inteligentes hacían víveres teniendo en cuenta el viaje posterior y como la gambuza o neveras eran selladas, no se corría el riesgo de que se produjeran hurtos.
El mercado del CAME hizo acto de presencia en nuestras naves con sus productos de pésima calidad y trajo como consecuencia que se fuera alterando nuestra dieta. Como ocurrió en todos esos países, la variedad era sumamente escasa, todo se producía siguiendo esas locas planificaciones anuales y quinquenales que conocimos de cerca. Así, podíamos dar un viaje a la redonda hasta cualquier punto de la tierra y veríamos como una constante matemática, un plato de postre donde desfilaban varias bolitas negras que nunca supimos de cuál fruta se trataba. Otro viaje sería de peras en almíbar, algo blindadas y que saltaban del plato cuando tratabas de cortarlas. Las carnes rusas enlatadas y el ají relleno búlgaro, que nadie pudo adivinar sobre el producto utilizado en su interior, fueron sustituyendo poco a poco los alimentos frescos que se ofrecían durante el almuerzo. Resultaba imposible evadir o escapar de los efectos destructivos de ese sistema que imperaba en nuestra isla, aunque nos mantuviéramos por el exterior durante períodos de tiempos prolongados, sus tentáculos llegaban a cualquiera de los puntos cardinales de la tierra.
Hay cosas que se cuentan y puede resultar un chiste de mal gusto cuando las lees hoy día. Cuba andaba mareada en ese capricho del demente por producir 10 millones de toneladas de azúcar, sin embargo, regresamos uno de esos viajes desde Japón endulzando el café de las mañanas con sirope de las latas de cascos de toronja que se ofrecían en los postres.
El fantasma del enemigo de la humanidad y el acecho constante de los agentes de la famosa CIA resultaba una pesadilla para nosotros. Todo el que se nos acercara era un potencial enemigo mientras no se demostrara lo contrario o fuéramos autorizados. Las mujeres podían tener un micrófono en sus vaginas para grabar nuestras conversaciones y la CIA se encontraba tan desesperada que siempre trataría de captar a unos comemierdas como nosotros. Muy peligroso ese asunto de tener contactos con extranjeros, poco importaba el sexo o grado de desesperación por tener unas relaciones puramente sexuales o amorosas. El colmo de esa paranoia era aplicada también en las aduanas cuando revisaban nuestras pacotillas, los discos de acetato que comprábamos en el exterior quedaban retenidos. Los pasaban a diferentes velocidades en busca de mensajes secretos de la CIA y en el mayor de los casos los devolvían rayados luego de unos quince días de espera. ¡Claro! Tenían una lista negra de artistas prohibidos en Cuba, cuyos discos serían automáticamente decomisados cuando arribaban a la isla.


Hermes Cruz, Nestor, Venancio Galarraga, Esteban Casañas y Esmildo Rodríguez


De Panamá hasta Shangai nos demoramos unos treinta y dos días. Dos o tres horas para refrescar la vista en nuestro paso por las islas Hawai a mitad del camino y luego continuar con esa paz infinita que ofrece el Océano Pacífico en verano. China fue una de las razones que ayudarían a destruir cualquier simpatía por lo que creía correcto en nuestro país, veía en su desgracia parte de nuestro futuro, nada de eso resultaba agradable a una persona con dos dedos de frente. Vale destacar que en medio de ese romance y maridaje con la URSS y todos sus parientes, las relaciones con Mao cruzaban malos momentos y debíamos medir nuestras opiniones, así fuimos advertidos. Todos vestían igual y nos observaban como seres llegados de otro planeta. Al menos podíamos andar por la calle, aunque el único lugar disponible para extranjeros era el Seaman Club, por supuesto, los chinos no podían entrar en él, mucha similitud con lo que estaba ocurriendo en Cuba. Regresé muchas veces en viajes posteriores y siempre me hago la misma pregunta, ¿dónde estaban todos esos productos que han satisfecho la demanda nacional e invadieron el mercado internacional? El cambio experimentado en China ha sido asombroso, saltaron de la más profunda miseria a convertirse en una potencia económica mundial.
Viet Nam fue la siguiente escala, fui testigo ocular de los efectos de una guerra sobre su población. Manzanas desaparecidas del mapa, miles de niños marcados por las bombas y huérfanos. Gente muy simpática y laboriosa que supo ganar mis simpatías al poco tiempo de estar entre ellos. Haber pasado por allí durante esa cruenta guerra, me convierte en una persona privilegiada. Las cámaras y los micrófonos no pueden mostrar las verdaderas dimensiones de una cicatriz, el pánico sentido con el sonar de las alarmas, el dolor de un pueblo que desea vivir en paz, ni las sonrisas de aquellos niños inocentes que perdieron a sus padres en medio de toda esa locura. Salí de China convertido en un ferviente anticomunista y de Viet Nam en ácido antiimperialista. Yo era antitodo, inconforme y rebelde, libre de pensamientos, un verdadero peligro para vivir en nuestro país. La experiencia de ese viaje pudo satisfacer en algo mi curiosidad, pero sentía deseos de más, el mundo era mucho más grande y no podía conformarme con tan poco, regresamos cargados de carbón a granel.
Japón y Corea del Norte sería nuestra próxima derrota, un cambio brusco de lo sublime a lo ridículo. Tokio bello y deslumbrante, podía cautivar al visitante con el exceso de bombillos en sus calles y lo exquisitamente educada de su población. Corea resultaba una visión patética de las aberraciones sufridas por la inteligencia humana, un nefasto producto obtenido gracias a un descontrolado y exagerado culto a la personalidad. Sentí verdadera y sincera lástima por los coreanos, sin embargo, estábamos obligados a manifestar admiración por esa maligna obra llevada a cabo por su máximo líder Kim Il Sung, amiguito de nuestro demente tropical. De muy poco sirvió que me llevaran tres días de excursión a Pyongyang y me hospedaran en uno de sus mejores hoteles. El camarada Kim había nacido en un pesebre como el de Jesús y todo lo construido o creado fue gracias a su privilegiada inteligencia. Corea era un pueblo habitado por idiotas que fuera bendecido con el nacimiento de ese Dios supremo, pobre de ellos. Partí más anticomunista aún, pero chocaría en mi regreso a Cuba con parientes que solo consumían lo que le ofrecían en el Granma y por la televisión. Me decían gusano a boca de jarro cuando les contaba todo lo que habían visto estos ojos, increíble, nos estaban convirtiendo también en idiotas.


Esteban Casañas en maniobras


Afortunadamente Carlos García fue sustituido por Raúl Hernández Sayas, uno de los mejores capitanes de la flota con quien compartí suerte como timonel, pañolero y años después como Tercer Oficial. Se habían producido varios relevos y los oficiales disponibles a bordo fueron ascendiendo de cargo. Méndez llegó a Primer Oficial, luego relevado por Felipito, Del Valle se ocupó de la cartera de Segundo y Oro como Tercero. La tripulación en término general se mantenía rotando entre sí, unos de vacaciones y otros a bordo. En aquellos tiempos las nóminas de los barcos eran fijas y eso resultaba beneficioso para la tripulación y la embarcación. La gente se encariñaba con su nave y mantenían esas relaciones familiares tan importantes en la vida de cualquier marino. El ambiente era tolerable, aunque bueno, nunca puede faltar una papa podrida dentro de un saco.
Un viaje a Europa no venía mal para recordar viejos tiempos, solo que ahora enfrentaba a ese inquieto océano Atlántico con un barco de mayor porte que el Habana y aunque el mar no cree en esloras o mangas, la vida resulta más soportable encima de un caballo grande. Hamburgo, Rótterdam, Amberes, Cádiz y Ceuta resultó un viaje de placer que serviría para adquirir productos no existentes en la zona del Pacífico, donde siempre pensé que regresaría inmediatamente, pero me equivoqué.
El buque fue destinado para un viaje a Montreal donde lo prepararon para navegar por los Grandes Lagos, sería la primera nave cubana en hacerlo. Se le instalaron rolleteras especiales por donde pasar los cables de maniobras en las esclusas y un puntalito portátil y giratorio en la proa por donde descenderían dos hombres al muelle en plena marcha para que sirvieran como caberos. Como es de suponer, yo era uno de los de menor peso entre los miembros de cubierta y fui un candidato indiscutible para esa faena. La primera vez que me lanzaron desde la altura de la proa, fui tirándome pedos hasta el instante que pisé el muelle, después perdí el miedo. Esos viajes resultaban muy agotadores e improductivos, debes dormir en el salón con la ropa de faenas puesta por la proximidad entre las esclusas. Improductivos porque la duración de un viaje a la redonda hasta Cuba nos tomaba entre un mes o mes y medio, que llevándolo a nuestra paga significaban unos treinta dólares. A popa de la bodega Nr.5 se colocó un enorme tanque, después nos explicaron cuál sería su uso. En los servicios sanitarios colocaron tazas plásticas portátiles donde debíamos defecar y luego viajar con ella hasta ese sitio para verter su contenido en el tanque. Estaba terminantemente prohibido descargar las aguas albañales a los lagos. Deben imaginar las bromas que se producían al paso de cualquiera con aquellos depósitos.
Yo andaba amarrado en unas relaciones formales y preparando condiciones para contraer matrimonio con la madre de mis hijos. Debía dedicar uno solo de esos viajes para comprarle algo de ropa interior, otro para los zapatos y uno para algo de tela con el que se hiciera algún vestido. No podía olvidarme de mí tampoco, siempre hace falta alguna prenda aunque ya estaba bien vestido por mi tiempo navegado.
Uno de esos viajes me quedé de vacaciones y me casé, los problemas graves llegarían después, ¿dónde vivo?, esa es la primera pregunta que se hace un cubano. La oferta del ajuar entregado por el gobierno para construir una familia no pudo ser más ridícula. Una sábana, dos fundas, dos toallas, un pantalón de pésima calidad para mí y una camisa que nunca me pondría, dos calzoncillos matapasiones, ni qué decir de unos zapatos de modelo extraterrestre. Para mi novia la entrega fue muy parecida, incluyendo esos blúmers que le provocarían impotencia sexual a cualquier hombre común, todo lo regalamos.
Después de la Luna de Miel viene la de Hiel, no había dónde amarrar la chiva, todo continuaba cerrado. Por suerte, las reservaciones a los pocos restaurantes en servicio se hacían por teléfono, siempre que llamaras a esos números sonaba ocupado. Gracias a Dios mi padrino trabajaba en la compañía de teléfonos, ellos eran quienes en realidad intervenían esas líneas y se dedicaban a vender las reservaciones, fui muy afortunado. Nunca sentí tantos deseos de hacerme a la mar como en aquellos tiempos, contaba los días restantes de vacaciones y llamaba con frecuencia a Navegación Mambisa para conocer la posición del barco, poca cosa me ataba a ese país y comenzaba a sentir un terrible desprendimiento de mi tierra que hoy, me ha ayudado enormemente a vencer cualquier síntoma de nostalgia, no la extraño para nada ni me siento parte de ella, no me considero un patriota en el más cuerdo sentido de esa palabra.
Por fin me volví a enrolar y respiré nuevamente con un poco de tranquilidad, las consignas escuchadas diariamente me molestaban. Continuamos el ciclo de viajes a Canadá mientras dejaba en tierra un vientre inflamado, vivía entonces como agregado en casa de mi madre, quien en una de mis ausencias y temiendo por mi vida, permutó una linda casita construida por Pastorita Núñez en la calle San Juan Bosco de La Bien Aparecida. Fue tanto su miedo por un asalto con el solo propósito de robarme los trapos vestidos por mí, que fuimos a parar a un horrible apartamento situado en la esquina de la calle Reforma y Herrera en Luyanó.
La vida fue tomando su curso normal, al menos para mí que mantenía cierta distancia de todo lo que ocurría en tierra, esas ausencias te ofrecían cierto clima de libertad, aunque no mucha tampoco.
Enrolaron a Marcio Valdés como Primer Oficial del buque, era un tipo alto y espigado como una vara de pescar, muy simpático y sociable con la marinería, muy inclinado al trago también. Las relaciones con el personal subalterno fueron excelentes y muy pronto se ganó la admiración, cariño y respeto de todos. Una recalada a Santiago de Cuba me proporcionó una amarga sorpresa que evité por todos los medios posibles, me seleccionaron para integrar las filas de la UJC, Unión de Jóvenes Comunistas. Deberán imaginar todas esas controversias producidas entre mi ser y su conciencia, yo no simpatizaba con nada de lo que estaba ocurriendo a mi lado y tenía una visión mucho más amplia que la media de toda la juventud cubana. Era ese ser privilegiado en contacto directo con otro mundo y con la posibilidad de poder establecer comparaciones, algo vedado a mis amigos. ¿Qué hago? ¿Qué hubieran hecho ustedes? Las respuestas que darán se ajustarán a los fines perseguidos para enjuiciarme, unas veces cargadas de prejuicios, y otras, alimentadas por esa compasión del que tratará de justificar una situación similar. Miras hacia todos lados y solo encuentras una pachanga, ese eterno carnaval donde la gente se muestra con caretas detrás de la conga. Nadie desea mostrar su verdadero rostro, tiene sus ventajas vivir oculto, ese es el deporte nacional. La doble personalidad es una de las características distintivas de los cubanos que muy pocos extranjeros pueden descubrir. Una cara ante la sociedad, y la otra en la intimidad de su gente de confianza que no siempre resultan sus familiares. ¿Por qué debía inmolarme yo? Resultaba más cómodo ajustarme la careta y vivir al ritmo de los demás, eso hice. Eran dueños de mi cuerpo con la exclusión de su cerebro, me mantenían atrapado y me conservaba libre. Si yo hubiera renunciado en aquel momento, no me encontraría hoy escribiendo estas líneas, no fui muy bruto que digamos, solo que actuaba inmoralmente en contra de mi conciencia, pero debe ser divertido cuando más de once millones de seres tienen el mismo comportamiento. Eso sí, no cargo sobre mi conciencia ningún acto del que pueda avergonzarme, no hay nadie que pueda señalarme como el autor de sus penas.
La vida transcurrió igual, solo alterada por esas reuniones y círculos de estudio para digerir toda la mierda que nos llegaba desde arriba.
Cada tarde, Febles y yo ofrecíamos un espectáculo en la cubierta del buque, bueno, siempre que el tiempo lo permitía. Al terminar la faena, subíamos a pulso por los obenques del palo mayor o los de la mesana hasta las crucetas de los mismos. A pulso bajábamos también ante los gritos de nuestros compañeros, Febles era otro de los timoneles, muy laborioso y serio.
Una pausa en los viajes a Canadá para llevar azúcar donada “voluntariamente” a Chile después del terremoto ocurrido en el 72, no puedo precisar con exactitud. Neptuno me bautizó cuando crucé la línea del Ecuador y durante las celebraciones, alguien aprovechó para lanzarle desde la cubierta de botes un cubo de agua al Jefe de Máquinas. Era uno de los rusos más hijoputa parido en aquella tierra, Anatoli, Yuri, quién pudiera recordar su nombre entre tantos con los cuales navegué. El Segundo Maquinista era ruso también, pero todo lo contrario, era el ruso más chévere y jodedor que he conocido, se llamaba Víctor. Valparaíso fue uno de esos paraísos que no podíamos perder la oportunidad de descubrir, embriagados por los cantos de sirenas recién comenzados, nosotros les servimos de maniquíes utilizados de ejemplo a todo lo que podía lograr el proletariado. ¡Vengan pololas por aquí y por allá! Mi edad no estaba apta para consumir tantos discursos, lo mío era vivir y experimentar el sabor de otros besos, fue una experiencia bellísima. De Valparaíso saltamos para Arica y luego a Ilo en el Perú donde cargamos harina de pescado. Regresamos nuevamente a nuestras agotadoras andanzas canadienses, bajando se produce la sorpresa, el globo había explotado y recibí el mensaje a la altura de Miami. Todos lo celebraron en el barco, ya les dije que éramos una pequeña familia. Un traguito en este camarote, una cerveza por allá y arribada a La Habana con cuatro palos en la cabeza. Visita al hospital Hijas de Galicia a la diez de la noche ocultando la sublime embriaguez del que es padre por primera vez, ¿está lindo?, preguntó ella y no quise defraudarla, estaba feo con cojones.
Salí nuevamente cuando ya estaban instalados en la casa, otra vez Canadá. Le compré un coche cuna de uso, me costó $5.00 dólares canadienses y tuve que someterlo a una intensa sesión de manguera y detergente, le pinté las llantas a sus gomas y quedó como nuevo. Hubiera querido regalarle uno similar al que ofrecía mi nieto, era un coche espectacular con un precio superior a los $350.00 dólares canadienses, pero yo ganaba solamente cinco a la semana. Aún así, pasearlo por las calles de Luyanó y Santos Suárez constituía un verdadero espectáculo, ningún niño cubano podía tener uno similar al de mi hijo, un pequeño Cadillac. Ese coche lo usó después el hijo de Roberto Barreras y Candita. Se lo presté también a Manolito Balsa para su hija Alnair, luego lo recuperé y sometí a reparación general. Paseaba a mi hija Elenita y su prima Toani por todo el barrio. Cuando crecieron lo vendí a buen precio y no dudo que ande recorriendo algunas calles de La Habana.
Fondeados en Nuevitas, me encontraba encaramado en una guindola dándole mantenimiento a la chimenea del barco. -¡Flaco, baja de ahí! Sentí a mis espaldas y viré el rostro. Marcio me esperaba en la cubierta con dos cervezas en la mano, -¡qué bajes, te dije! Descendí por la escala de gato y me entregó una de las dos botellas. -¡Vamos a brindar! Chocó la suya contra la mía y se llevó la botella a la boca, lo imité.
-¿Y por qué brindamos?
-Porque mañana sales de viaje para La Habana.
-Pero es que yo no tengo vacaciones. Le respondí algo preocupado, Marcio no andaba bien de la cabeza y no había parado de beber desde que el buque arribó a ese puerto.
-Yo no te dije que ibas de vacaciones, te vas a estudiar.
-¿A estudiar?
-Me pidieron que seleccionara a un tripulante con verdadera vocación de marino para pasar un curso de oficiales y solo te encontré a ti.
-¿Para oficial?
-Procura aprobar y regresar con tu charretera, si no es así, olvídate de mí.
Viajaba en la guagua cargado de ilusiones, doce horas duraba el viaje hasta la capital. Atrás, parte de la historia de mi vida resumida en unos párrafos. El buque Jiguaní me regaló mucha de la experiencia ganada en mi vida de marino, puertos descubiertos, muestras del naciente extremismo desarrollado en nuestra isla, el recuerdo de una juventud entregada por entero a la construcción de otro país más justo. Fue la cuna de una de mis narraciones que considero entre mis clásicos, “Breve historia de un pantalón” me lanzó a esta nueva aventura, la de contarles algo de los tiempos que por desgracia nos tocó vivir.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-03-18



Algunos nombres que recuerdo de la tripulación correspondiente al año 1970


Parados y de izquierda a derecha..

1.-Miguel Haidar (en viaje de instrucción)
2.- Felipe Montano (Primer Oficial)
3.- Wendel Lafita. El sobrecargo (el negro)
4.- Obregón, un engrasador (El negro grueso)
5.-Hermes Cruz (en viaje de instrucción)
6.-Otro engrasador (el negro bajito)
7.-Eusebio (era engrasador y luego trabajó en el Dept. de Personal en Navegación Mambisa)
8.-Carlos García (el capitán y único con abrigo claro)
9.-Luís R. del Valle (agregado de cubierta) Ya falleció.
10.-Villabrille. (en viaje de instrucción)
11.-Otro engrasador (mulato a su lado)
12.-Besú (iba en viaje de instrucción también y llegó a Capitán)
13.-Rafael Marziota (Timonel, luego se dedicó al partido y dejó de navegar)
14.-Mendez (Segundo Oficial, llegó a Capitán y supervisor de la flota)
15.-Un camarero (el negro que está al lado de Mendez0
16.-Esmildo Rodríguez (marinero de cubierta y con residencia en Miami)

Agachados y de izquierda a derecha...

1.-Sánchez (cuarto maquinista)
2.-Otro cuarto maquinista que no recuerdo su nombre (el mulato)
3.-Morejón (Engrasador)
4.-El Ayudante de máquinas.
5.- El tornero.
6.-Gonzalo Marcos Pérez (iba en viaje de instrucción, años más tarde llegó a capitán).
7.-Esteban Casañas (Timonel)


_________________
Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.
Mar Mar 30, 2010 1:56 pm Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor
Don Gilberto




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Cuantas obras, cuantos sacrificios, cuantas vidas sacrificadas. Ya no no hay comentario que no se haya hecho millar de veces.

He aqui lo que el cubano puede.

Estos mismos fiascos me hacen a mi mantener la fe en el futuro de nuestra patria, pese a todo.


_________________
Piensa como quieras, yo respeto tu opinion.
Niegale la Libertad al mas leve de mis hermanos
y espera mi reaccion.
Mar Mar 30, 2010 7:52 pm Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Don Gilberto




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Cuantas obras, cuantos sacrificios, cuantas vidas sacrificadas. Ya no no hay comentario que no se haya hecho millar de veces.

He aqui lo que el cubano puede.

Estos mismos fiascos me hacen a mi mantener la fe en el futuro de nuestra patria, pese a todo.


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